El blog de Koti, tiene algo muy útil: una zona que te dice quien ha comentado últimamente. De manera que me llamó la atención ver como la Princesa del Guisante había hecho un comentario a una antigua entrada
Ambas entradas me han recordado una discusión, que no pelea, que tuve con mi mujer a cuenta de la publicación el pasado verano de esta foto. Todo comenzó cuando se publicó que a nuestra vice, al enterarse de que la habían fotografiado en biquini paseando por la playa, intentó por todos los medios que dicha foto no viera la luz.

Mi cabreo estaba motivado por este hecho. Si ella sentía que su intimidad estaba siendo vulnerada, que recurriese a la Justicia, como cualquier españolito de a pie, pero que no utilice su posición para conseguir fines privados.
La postura de mi mujer era que la foto de la Vicepresidenta, al no ser de interés público no debería de haberse publicado y en eso estoy de acuerdo con ella. Pero, ¿quién decide lo que es de interés público? El hecho de que haya programas o periodistas que se dediquen a publicar temas que, manifiestamente no son de interés público puede no gustarnos, pero al fin y al cabo no más que una muestra de que hay algo de libertad.
No veo la tan denostada telebasura, de hecho apenas veo la tele, pero defiendo que exista. Y lo hago precisamente por la misma razón.
Estoy seguro que en países tipo Corea del Norte o Irán no existen este tipo de programas.
Claro que habrá quien argumente que dado que lo único que enseñan es un muestrario de comportamientos zafios, groseros, vomitivos y, en muchos casos, medio pornográficos deberían prohibirse. Cierto y podríamos seguir tirando del hilo y prohibir los culebrones y las películas ultra-violentas y la pornografía y ... ¿dónde paramos?
En resumen estoy a favor de su existencia no porque nos hagan más libres si no porque su prohibición sí que nos hace menos libres.