sábado, 24 de octubre de 2009

Clasificando el amor

Se me ocurren tres clases de amor.

Amor romántico: Es aquel que te hace ver que la mirada de tu novia es muy peculiar (¡Coño! ¡Qué es bizca!), su gracioso lunar junto su boca (¡Jooooder! ¡Qué es una verruga!) y un andar que te derrite (¡Tío! ¡Qué es coja!)

Fecha de caducidad: El día que descubres que, al besarla, te pinchas con un pelo que sale de su verruga. Aproximadamente unos dos años


Amor animal: A mi al menos me ha sucedido que me encontrado unas dos o tres veces con mujeres, que de haber podido me las hubiera trajinado ahí mismo. Delante de todo el mundo. Lo más curioso es que no llegamos a intercambiar ni dos palabras, ni sé como se llaman y ni siquiera eran especialmente atractivas. No sé lo que fue, pero de verdad, pero me pusieron la mar de "contento". Y no . No llegué a mojar con ninguna de ellas. ¿Os ha pasado alguna vez algo similar?

Fecha de caducidad: un par de revolcones (supongo)


Amor racional: Aunque parezca un oxímoron, hay veces que pones en una balanza lo bueno y lo malo de una persona. Sus virtudes y sus defectos, y decides pasar el resto de tu vida con ella. No incluyo en esta categoría el "me caso con ésta, porque está forrada de pasta" Eso no deja de ser una forma como otra cualquiera de prostitución.

Fecha de caducidad: No lo sé, pero seguro que dura más que cualquiera de los otros dos..


¿Se os ocurren más?

2 comentarios:

Amaranta dijo...

Pues por el amor animal acaban casi tantos casados como por el amor prostituido.

Kotinussa dijo...

Yo tendría que darle la vuelta a tu pregunta de "¿Se os ocurren más"? y colocar en su lugar "¿Se os ocurren menos?".

Después de bastantes años de vida y varios tipos de relaciones muy diferentes, con la claridad que da una cierta distancia de los acontecimientos, llego a la conclusión de que no me he enamorado nunca.

Por favor, que nadie sienta pena de mí ni nada parecido. Considero mi vida lo suficientemente feliz a pesar de lo que muchos considerarán una "carencia". Tampoco me ha tocado nunca un premio a la lotería y no me deprimo, ni me siento menos que otras personas ni nada de eso.

Estoy convencida de que el enamoramiento y el amor son conceptos sobrevalorados, cuando no términos totalmente pervertidos, usados normalmente de forma que poco tienen que ver con su verdadero significado.

Puede que sea algo verdaderamente agradable, pero nadie me puede negar que también proporciona sufrimientos, zozobras, necesidad de sacrificios y muchos otros efectos negativos. Se trata de, como dices en tu post, colocar las cosas en una balanza y medir ventajas e inconvenientes. Y yo soy de las que, hasta el momento, nada me ha convencido de que compense.