sábado, 7 de noviembre de 2009

En defensa de la telebasura

Trato de, en la medida de lo posible, dedicarle la mañana de los sábados al sano ejercicio de bloguear. Leo mis enlaces favoritos y, sobre todo, los comentarios, que muchas veces son más jugosos que las propias entradas.

El blog de Koti, tiene algo muy útil: una zona que te dice quien ha comentado últimamente. De manera que me llamó la atención ver como la Princesa del Guisante había hecho un comentario a una antigua entrada

Ambas entradas me han recordado una discusión, que no pelea, que tuve con mi mujer a cuenta de la publicación el pasado verano de esta foto. Todo comenzó cuando se publicó que a nuestra vice, al enterarse de que la habían fotografiado en biquini paseando por la playa, intentó por todos los medios que dicha foto no viera la luz.

Mi cabreo estaba motivado por este hecho. Si ella sentía que su intimidad estaba siendo vulnerada, que recurriese a la Justicia, como cualquier españolito de a pie, pero que no utilice su posición para conseguir fines privados.

La postura de mi mujer era que la foto de la Vicepresidenta, al no ser de interés público no debería de haberse publicado y en eso estoy de acuerdo con ella. Pero, ¿quién decide lo que es de interés público? El hecho de que haya programas o periodistas que se dediquen a publicar temas que, manifiestamente no son de interés público puede no gustarnos, pero al fin y al cabo no más que una muestra de que hay algo de libertad.

No veo la tan denostada telebasura, de hecho apenas veo la tele, pero defiendo que exista. Y lo hago precisamente por la misma razón.

Estoy seguro que en países tipo Corea del Norte o Irán no existen este tipo de programas.

Claro que habrá quien argumente que dado que lo único que enseñan es un muestrario de comportamientos zafios, groseros, vomitivos y, en muchos casos, medio pornográficos deberían prohibirse. Cierto y podríamos seguir tirando del hilo y prohibir los culebrones y las películas ultra-violentas y la pornografía y ... ¿dónde paramos?

En resumen estoy a favor de su existencia no porque nos hagan más libres si no porque su prohibición sí que nos hace menos libres.

4 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Yo tampoco prohibiría la telebasura y mis razones son muy similares a las tuyas. Lo que sí prohibiría es el dispositivo mental que hace que a los humanos nos interese la telebasura. Pero, claro, esas prohibiciones no puede imponérselas más que cada uno a sí mismo y, cuando lo hace, ya no son tales.

Kotinussa dijo...

Sin conocer ese post mío que enlazas, la Princesa del Guisante había escrito uno sobre el mismo tema, lo había titulado muy parecido ("Casi bufones", en lugar de "Los bufones de Felipe IV") y había coincidido conmigo en una de las ilustraciones (la del "Niño de Vallecas").

Y comento a tu post algo parecido a lo que le comenté a ella, que no sigue tu línea de razonamiento, pero que tampoco la contradice, sencillamente va por otro lado completamente distinto: prefiero que existan ese tipo de programas porque así están concentrados en ellos tanto los "periodistas" que se dedican a ese linchamiento de todo el que se les pone por delante, como los espectadores, que asisten a ese linchamiento ávidos de sangre y de emociones fuertes. Eso despeja bastante el panorama y da lugar a que existan otro tipo de programas pensados, realizados y presentados para otro tipo de público, sin que necesiten recurrir a determinadas cosas porque ocupan un segmento de la programación totalmente alejado de los otros.

Sería mucho peor que en todo tipo de programas se colaran "periodistas" como los que ya conocemos, que acabarían por contaminar todo programa que tocaran, y público que demandara en cada programa su pequeña parcela de despelleje ajeno. Al final sería un "totum revolutum" que no dejaría a nadie satisfecho.

Son pocos programas los que se libran finalmente de la telebasura. Algunos que empezaron completamente diferentes terminaron calados hasta las trancas de ella. Hay cadenas, como Cuatro, que hicieron una declaración de intenciones inicial de convertirse en un referente de la cultura y bla, bla, bla, y al poco tiempo estaban programando Supermodelo, Channel nº 4 y cosas similares. Pero por muy pocos que haya y pueda haber en el futuro, así todo el mundo sabe lo que va a encontrar cuando sintoniza tal cadena a tal hora.

Amaranta dijo...

A mi me saltan las alarmas cuando oigo a alguien decir que no ve según qué tipo de programas. Quizás me saltan las alarmas por dos motivos, el primero es que la mayoría de la gente que suele afirmar eso luego te cuenta con pelos y señales el funcionamientos de estos programas y todo el contenido y el segundo es el que ha apuntado Miroslav. Estos programas se basan en la adicción que encuentran en todas las personas que osen si quiera ver un poquito sin importar ni clase, sexo o condición social. Y de esta adicción sólo podemos escapar si no los vemos, de hecho es un alivio por ejemplo el no disponer de tiempo para ver la tele.

La cuestión es que sustituir la televisión y sus programas de cotilleos por internet y nuestras excursiones blogueras, tampoco resulta muy significativo a la hora de señalar diferencias, y perdóname Números si te ofende lo que te digo. Creo que ese dispositivo mental antes aludido nos hace interesarnos por las vidas ajenas y ya sea en un programa de cotilleo donde vemos a famosos, ya sea en los corrillos vecinales de antaño al terminar el día en las escaleras de tu bloque de pisos o en nuestro hasta ahora endosiado internet, al fin y al cabo no hacemos otra cosa que sea diferente.

Numeros dijo...

Amaranta: Pues sí, me enfado porque me has chafado la respuesta a Miros ;-)

El hombre es, ante todo, un animal social y por lo tanto tiene necesidad de saber de sus semejantes, ya sea como tú bien dices en los corrillos vecinales ya sea en Internet. El suprimir el dispositivo mental que hace que a los humanos nos interese la telebasura como sugiere Miros, y ésta era la respuesta que me has chafado, nos llevaría a no ser humanos.

También estoy de acuerdo con la razón esgrimida por Koti: La basura apesta. Pero todos tenemos. Así que mejor que tengamos un lugar donde tirarla, o apestaría toda la casa.

Los motivos por los que no veo la TV son dos:

1. Odio la publicidad. Mejor dicho, las pausas publicitarias.

2. En mi casa el único canal que se ve es el Playhouse Disney.

Eso sí, al acabar el día nada mejor que sentarte a ver con la parienta una serie de televisión, bajada de internet y sin cortes publicitarios.

(Voy a dejar de escribir, porque creo que esto me da para otra entrada)

Por último, gracias a todos por venir.